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Kevin: huir, resistir y volver a empezar. Un joven salvadoreño que reconstruye su vida en México

Por Beatriz Ochoa

Israel Fuguemann / ProLAC

Cuando Kevin* llegó a México, a finales de 2022, la situación era distinta a la que enfrentan hoy cientos de miles de personas refugiadas y migrantes en búsqueda de protección.

En ese año, la Comisión  Mexicana  de Ayuda a Refugiados (COMAR) recibió cifras históricas de solicitudes  y ,  desde  entonces , las filas comenzaron a alargarse y los tiempos de respuesta a demorarse. 

En El Salvador, vivía entre amenazas y vigilancia. “A   algunos de mis amigos  se los llevaron ya  mí  me habían querido llevar” , cuenta Kevin. 

Salir del país fue la única opción. También nos contó que es punk y que sus tatuajes están ligados a esa identidad. Fue ingenioso para salir del país: se mezcló entre un grupo de jóvenes punk que viajaban hacia  un festival, aprovechando que compartían estética y afinidad.

El camino hacia México

El trayecto también fue difícil. Después de cruzar  por Guatemala, Kevin pasó por decenas de  retenes. “En el camión que yo venía, pasé como unos 50 retenes… te preguntan de dónde eres” , dice. Vio cómo transportistas coordinaban señales con migración: “Como que se comunican  con las luces … les dan dinero”. En algunas zonas tuvieron que pagar cuotas a grupos criminales: “ Pagas una cuota también para subirte al tren… si no, te aviantan”.

Un proceso que comenzó bien… y se complicó

Al llegar a Ciudad de México no conoció el proceso para solicitar la condición de refugio en México, pero entonces  el proceso con la COMAR era menos  tardado. “El trato estuvo bien… había mucha gente, pero todo estuvo  chido [bonito] de parte de COMAR”, relata, ya usando palabras mexicanas. 

Presentó su  solicitud, asistió a su entrevista y, un año después, fue reconocido como refugiado , lo que le daba  derecho a obtener la residencia permanente. Antes de esa resolución contaba con una tarjeta temporal que le permitía trabajar formalmente y debía protegerlo de detenciones y deportación. 

Pensó que por fin había llegado a un punto de estabilidad. Que podría trabajar, integrarse y seguir adelante. Pero la vida en México pronto se volvió más difícil de lo que imaginaba. 

Tras su reconocimiento como refugiado y debido a retrasos  por parte de las autoridades migratorias, tuvieron que pasar cinco meses para que  le entregaran su residencia permanente. Durante ese tiempo, tuvo que devolver la tarjeta temporal y quedó completamente sin documentos, sin manera de probar su situación regular en México y sin posibilidad de acceder a un empleo formal.

Perder los documentos… dos veces

La primera pérdida ocurrió por abuso de autoridad. Kevin había viajado a otra ciudad buscando trabajo. Agotado por el viaje, se quedó dormido en una banca.  “Cuando desperté, llegaron  varios  policías en bicicleta… me agarraron la mochila, me quitaron mis documentos, todo ”.  Intentó mostrar su permiso de  residencia, pero no se lo devolvieron.

Denunció  el abuso ante las autoridades  locales,  pero por miedo a represalias  decidió regresar a la Ciudad de México . Reponer sus documentos tomó meses. Cuando por fin los obtenidos y había conseguido un nuevo empleo, ocurrió lo impensable: lo volvieron a robar.  

Además de perder de nuevo su documentación, el personal de salud no quiso darle incapacidad a pesar de sus fracturas. Su empleador lo despidió.

“Me asaltaron… llegaron en motonetas, me pegaron, me dejaron tirado”

“Sí hubo discriminación… y feo”

“En migración sí hubo más discriminación… siempre por ser  refugiado”, relata Kevin. Su experiencia refleja una realidad más amplia: en México, 2 de cada 10 personas con necesidades de protección internacional entrevistadas por la Iniciativa ProLAC reportaron haber vivido situaciones de discriminación.

Al conseguir empleo formal,  se enfrentó a otra barrera: “En el banco tuve muchos temas… no tenía pasaporte”,  explica. Sin cuenta, no podía pagarle su salario.  “Mi primer pago lo cobré al año siguiente porque el dinero se fue a una cuenta a la que no tenía acceso ”.

En el sistema de salud  también se enfrentó a la discriminación. “En el seguro social me dijeron: tú no eres de aquí, tú no tienes residencia permanente”. Como le habían robado sus documentos, no podía demostrar su estatus. Aunque la ley garantiza atención sin discriminación, el desconocimiento institucional lo dejaba fuera.

“Sin este tipo de organizaciones, no sé qué hubiera pasado”

Kevin lo tiene claro: “Si no fuera por la ayuda legal que ustedes me brindaron, tal vez no hubiera podido obtener mis papeles… tal vez me hubiera quedado en la calle”. Y agrega: “Cuando llegas a otro país, no sabes nada… se siente bien tener a alguien que no te deja solo ”.

Organizaciones sociales de  la Iniciativa  ProLAC le ayudarán a recuperar su documento Único de Identidad ya obtener por primera vez su pasaporte. Con ambos  documentos  en mano hoy puede acudir a entrevistas de trabajo. Además, le brindaron apoyo económico mientras  sanaba de las fracturas, lo que evitó que terminara en situación de calle. Al momento de la entrevista, aún esperaba recuperar su residencia permanente. 

“Ha sido difícil, pero también hay gente buena”

A pesar del abuso policial, los robos, las fracturas y los meses sin documentos, Kevin siguió adelante. "Ha sido difícil... bien difícil. Pero también hay gente muy buena".  

Hoy  piensa en el futuro. Le gusta Ciudad de México, pero considere mudarse a una ciudad  turística  donde pueda trabajar de mesero y aprovechar que habla inglés. En México, dice, “hay gente muy chida  [buena] ”, y agrega sobre su país: “Tal vez allá estuviera encerrado”. 

La historia de Kevin no es lineal ni de éxito instantáneo tras obtener la condición de refugiado años atrás. Es una historia de  violencias, trámites interminables y discriminación, pero también de apoyo, resistencia y esperanza.      

Cierra celebrando una mezcla de identidades que ahora lo acompañan: “Que viva el punk y que viva el huapango”, dice, refiriéndose a una música y baile tradicional mexicano. 

Kevin* no es su nombre real y ha sido cambiado para proteger su identidad.

Acerca de ProLAC

Historias como la de Kevin* no solo muestran lo que viven millones de personas que buscan protección en la región; tambiénn evidencia por qué es esencial contar con información confiable y sistemática. La Iniciativa ProLAC  recopila datos cualitativos y cuantitativos en 11 países de América Latina para identificar riesgos de protección, visibilizar brechas en la respuesta y generar evidencia que permita mejorar la toma de decisiones humanitarias. Al comprender lo que enfrentan las personas en cada etapa del proceso, desde la salida de sus hogares hasta su integración en un nuevo lugar, ProLAC contribuye a que organizaciones, autoridades y donantes diseñen soluciones más oportunas, coordinadas y efectivas. 

ProLAC  es una iniciativa regional de gestión de información creada por el Consejo Danés para Refugiados y el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), con el apoyo de la  Ayuda Humanitaria de la Unión Europea . ProLAC proporciona un sistema armonizado de monitoreo de riesgos de protección que enfrentan las personas forzadas a huir y aquellas afectadas por violencia en América Latina.  Para más información o para consultar el panel interactivo, visite: prolac.live 

Socios de ProLAC

Además de DRC y NRC, las siguientes organizaciones hacen parte de la Iniciativa  ProLAC:  

  • Europana  y sus socios en la región, entre ellos: Caritas Pastoral Social Colombia, Servicio Jesuita a Refugiados en Venezuela, Servicio Pastoral para Migrantes en Brasil, Centro de Desarrollo Humano en Perú, Cáritas Venezuela, Cáritas Pastoral Social en Ecuador, Cáritas del Perú, Cáritas Brasileira 

  • Derechos Humanos Integrales en Acción (DHIA) en México 

  • El Comité Internacional de Rescate (IRC) en Guatemala, Venezuela y Colombia 

  • Observatorio de Investigaciones Sociales en Frontera (ODISEF) en Venezuela 

  • Misión  Scalabriniana en Ecuador 

  • Encuentros Servicio Jesuita a Migrantes en Perú 

  • Fundación Madre Josefa en Chile 

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